¡Saludos! Soy Shawn “Babagahnoosh” Carnes, Lead Creative Designer en Riot Games. Estamos orgullosos de presentar una nueva edición de nuestras introducciones de los campeones de la liga conocida como “Champion Judgements”. Gracias a vuestro feedback y sugerencias, hemos decidido cambiar el título de la sección de Evaluación a Judgements. El enunciado anterior era un poco desconcertante dado que muchos usuarios acudieron a la historia en busca de información referente a la jugabilidad. Creemos que el nuevo título atraerá tanto a los entusiastas de las tradiciones como a los del juego. Muchas gracias por ayudarnos y apoyarnos con el progreso de la Primera Temporada.
En esta ocasión, echaremos un ojo al Judgement de Vladimir, el segador carmesí. Espero que disfrutéis con él.
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JUDGEMENT DE CAMPEÓN
Candidato: Vladimir
Fecha: 27 de julio, 20 CLE
OBSERVACIÓN
Vladimir se mueve con paso decidido, seguido por la impresionante estela que forman su túnica y su largo cabello mientras, con grandes zancadas, se encamina velozmente hacia su objetivo. El eco de los calcañales de sus lustrosas botas repica contra las paredes de mármol de la Academia de la Guerra, un clamor extraño en el, por lo demás, opresivo silencio. Sus ojos divisan su destino frente a él, una gran puerta de piedra.
El comportamiento regio de nuestro invitado es una estratagema, una trampa para quienes son lo bastante necios como para no mirar más allá de las apariencias. El cabello perfectamente peinado, el atuendo extravagante, las uñas recortadas con manicura... estos indicios de nobleza son todos falsos. Quien es realmente perceptivo no se dejará engañar por esta mascarada. Ni sus rasgos crueles y angulosos ni las joyas de aspecto siniestro, pero a la vez principesco, dejan lugar a dudas: se trata de un depredador.
Vladimir se detiene un instante al llegar y paladea el momento. Admira la belleza de la artesanía con ojos volubles y codiciosos. En el relieve del arco de mármol montan guardia un par de panteras, la esbeltez de cuyas formas testimonia con claridad la destreza del artista. Una inscripción sobre ellas anuncia su destino: “El verdadero enemigo aguarda dentro”. Alarga el brazo para acariciar la piedra pulida. Las puertas se separan bajo su contacto y se abren en silencio. Tras ellas aguarda la negrura. Vladimir se pasa la lengua por los finos labios y entra como una flecha.
REFLEXIÓN
Vladimir aguardaba, erguido en la oscuridad de la Cámara de los reflejos. Durante un instante no hubo más que silencio y los latidos expectantes de su corazón. Entonces sonó un susurro.
–Vladimir, hijo mío –dijo una voz desde la oscuridad. La reconoció al instante y al hacerlo se le pusieron todos los pelos de punta. De las tinieblas salió caminando otra figura, de estatura similar a la suya pero ataviada con la sencilla túnica de un monje. Solo la enfermiza palidez de su piel rivalizaba con la blancura de su cabello ceniciento. Sus ojos eran por entero de color carmesí.
–¿Dimitri? –preguntó Vladimir, incrédulo–. Pero, maestro, estás muerto. Yo te maté.
La figura echó la cabeza hacia atrás y aulló a carcajada viva.
–Yo no puedo morir, Vladimir. Formo parte de ti. –Y como en respuesta a estas palabras, el cuerpo del monje se disolvió transformado en una fina neblina roja. El metálico olor de la sangre invadió el aire. Vladimir cerró los ojos e inhaló profundamente. El cálido vapor lo bañó con su acogedor abrazo.
El sonido de una respiración brusca y trabajosa lo sacó de sus ensoñaciones. Sus ojos se abrieron de repente y vieron ante sí un claro en un sereno bosque. Su corazón cabalgaba como un caballo desbocado. A sus pies yacían dos figuras entrelazadas, la una inmóvil, la otra aún respirando, pero ambas empapadas en sangre. Vladimir se miró a sí mismo, lleno de asombro. Era un muchacho de no más de quince años. Su mano derecha atenazaba un cuchillo de caza con fuerza mortal. Tanta, de hecho, que la empuñadura lo había cortado. Sus finos ropajes estaban manchados de escarlata por todas partes. Conocía aquel momento. Eran sus compañeros de juegos. Los primeros.
La figura mutilada se le acercó reptando. Lo miraba con una mezcla de tristeza y perplejidad. La expresión se transformó en odio. Una mano salió despedida como un dardo hacia delante y lo agarró por la bota. Vladimir retrocedió, se zafó de ella y se apartó unos pasos del muchacho agonizante. El chico abrió la boca como si se dispusiera a gritar, pero ninguna palabra salió de allí. En su lugar, un chorro de sangre roció la arena del suelo. Extendió un dedo acusador hacia su asesino. Vladimir soltó el cuchillo y la oscuridad se apoderó de él.
Un momento después se encontraba junto a un camino de montaña, a la sombra de una gran estructura. Frente a él, clavado en una estaca, yacía un cadáver blanqueado. Debajo, un estanque de sangre, tallado en la roca con herramientas primitivas. Levantó la mirada y se cubrió el curtido rostro con una mano. El camino que se abría ante él contenía cerca de una docena de figuras similares más, colocadas a intervalos regulares. Volvió a sentir la ya familiar agitación de su pulso. La emoción ahogó cualquier temor que pudiera sentir y lo hizo ascender.
Mientras vagaba por los salones de aquella ancestral estructura, guiado por un rastro de cadáveres, Vladimir notó que su emoción iba creciendo. Finalmente llegó a una gran sala. A su alrededor colgaban varios cadáveres, cuya sangre se vertía poco a poco sobre unas piletas que había debajo. Frente a la espeluznante escena se encontraba de pie un monje cubierto por una túnica, con el cabello blanco pulcramente peinado hacia atrás. Sus ojos de color rojo sangre brillaban de manera amenazante en su rostro pálido e impasible mientras llamaba con un gesto al fascinado viajero.
Vladimir se acercó sin pestañear, hipnotizado por el espectáculo, con los ojos clavados en el hombre que tenía delante. El monje le devolvió la mirada con curiosidad.
–¿Es que no tienes miedo, muchacho? –preguntó con interés. Vladimir sacudió la cabeza sin pronunciar palabra y sin apartar los ojos un solo instante.
–Ya veo lo que eres –continuó el monje–. Un presagio, hijo mío. Un Segador carmesí, que viene a recoger la cosecha. –Esbozó una sonrisa siniestra, a la que siguió un repique de carcajadas–. ¿Cómo te llamas, pequeño?
–Vladimir –balbució el confundido joven.
–Ahora estás a mi cargo, Vladimir –repuso el viejo con una sonrisa–. No me decepciones.
Vladimir miró profundamente a los ojos de su mentor. La imagen hizo que se le helara la sangre en las venas. Había matado a aquel hombre. Se había apoderado de su sangre. Y el propio Dimitri se lo había pedido. Había amenazado con matarlo si no lo hacía. A su alrededor, volvió a hacerse la oscuridad, y se quedó solo con el fantasma de su maestro. El monje cruzó los brazos sobre el pecho.
–¿Por qué quieres unirte a la Liga, Vladimir? –preguntó con tono expectante.
–Para honrar mi noble casa y perfeccionar mis habilidades –respondió Vladimir al instante.
Una sonrisa divertida afloró a las facciones de la aparición.
–¿Por qué quieres unirte a la Liga, Vladimir? –repitió.
–Para luchar por la gloria de Noxus, mi patria –respondió Vladimir, vacilante.
La expresión alegre de Dimitri se desvaneció. Parecía decepcionado.
–¿Por qué quieres unirte a la Liga, Vladimir? –dijo de nuevo.
El rostro de Vladimir se ensombreció.
–Necesito matar –respondió, más lentamente esta vez.
El viejo monje asintió.
–¿Qué te parece exponer tu mente desnuda? –preguntó
Vladimir enseñó los dientes.
–Liberador, la verdad –fue su contestación. Y como a modo de respuesta, la puerta que había dejado atrás se abrió de par en par y